Fuente: Educo
La violencia contra la infancia sigue siendo una realidad silenciosa. Según una encuesta internacional de Educo, dos de cada tres niños y niñas afirman haber sufrido algún tipo de violencia. En España, los casos detectados aumentan cada año, lo que refleja una mayor capacidad para identificar situaciones de riesgo, pero también la persistencia de la vulnerabilidad infantil. Para responder a este desafío, entra en vigor una nueva ley que transforma el sistema de protección y sitúa a la infancia en el centro.
La nueva ley reconoce la violencia contra la infancia como un problema estructural y obliga a todos los ámbitos —familias, escuelas, entidades deportivas, administraciones y sociedad civil— a actuar de forma conjunta. Entre sus principales novedades destacan la prevención y la detección temprana, que exige a centros educativos, entidades de ocio y clubes deportivos aplicar protocolos claros y formar a sus profesionales para identificar señales de alarma desde edades muy tempranas; una mejor atención a las víctimas, incorporando la prueba preconstituida para evitar que los niños y niñas repitan su testimonio y reforzando el apoyo psicológico y jurídico; y el derecho de la infancia a ser escuchada, reconociendo su participación como un derecho fundamental.
Una responsabilidad compartida
La norma deja claro que proteger a la infancia no es solo tarea de los servicios sociales. Las familias deben prevenir, las escuelas detectar y la sociedad reaccionar. Cualquier persona tiene la obligación de comunicar una situación de riesgo.
Educo trabaja en España con docentes y familias para fortalecer esta red de protección, ofreciendo herramientas de crianza positiva y formación para identificar señales de violencia. Este enfoque colaborativo es el mismo que la organización impulsa en más de 18 países como parte de ChildFund Alliance.
Qué puedes hacer tú
La protección empieza por informarse. Conocer la ley, revisar los protocolos de tu escuela o asociación y pedir ayuda ante cualquier sospecha son pasos esenciales. Una mirada atenta puede marcar la diferencia en la vida de un niño o una niña.
